Cuánta gente anda corriendo de un lado para otro sin saber a dónde va ni a qué ha ido, y sin llegar a valorar si necesitaba ir de prisa o si podría haber hecho lo mismo a otro ritmo... ¿Has pasado por un café express con esta prisa?
La cultura moderna del café express...
La prisa no es un valor añadido. Nadie es mejor profesional ni mejor persona porque vaya rápido a todos sitios o porque exprese lo estresadísimo que está.
Imagínese encontrándose con alguien conocido que le saluda mientras tiene su café express a la vez que mira el reloj, le estrecha la mano y le sonríe para mostrar lo feliz que se encuentra.
Cuando cuelga, le abraza efusivamente, le dice que anda liadísimo, que va todo el día corriendo, que todo está fatal y que no puede esperar más para ir de vacaciones.
A usted apenas le deja hablar, no le pregunta cómo le va, se despide diciendo que a ver cuándo quedan y sale disparado. Escenas como esta se viven todos los días en la calle de una gran ciudad.
La prisa llega a convertirse en un estilo de vida. De hecho, mucha gente no sabe qué hacer con su tiempo libre cuando lo tiene. Estar desocupado les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso falta de autoestima porque… “¿cómo puede ser que no esté haciendo ahora algo, qué dice eso de mí?”.
Para este tipo de personas, el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido. Por eso siguen corriendo aunque ni siquiera sepan hacia dónde.
Y todo esto es parte ya de la cultura moderna, la gente que todo lo quiere rápido, siempre anda con mucha prisa así como que busca de un sitio rápido para recoger de su café express y llevárselo a su oficina.
Disfrutar de un café express sin prisas es algo que todo mundo debe hacer, y si no puede, por lo menos de su calidad, la cual tenemos en Hackl, donde tenemos de pan recién preparado y listo para cualquier momento en el que llegues así como de un buen café express.
Las nuevas generaciones no buscan la perfección, buscan estar a gusto con sus vidas. Hay personas que buscan mejorar, crecer y superarse. Y hay otras que se obsesionan con que todo sea perfecto y esté controlado.
La perfección no existe, ni en la tecnología, ni con nuestro físico, ni en la destreza o habilidad para desarrollar un deporte. Perderá mucho tiempo intentando que algo sea perfecto. Basta con que esté rematadamente bien, no necesita que sea perfecto.
Es más, muy poca gente será capaz de apreciar ese nivel de excelencia al que ha dedicado tantísimas horas y que le ha impedido alcanzar el punto anterior: relajarse y desconectar.





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